Ibon Osinalde, presidente del club, explica cómo crecer desde la cantera y cómo Clunnity ha ayudado a reforzar la organización del club sin perder su identidad.
En el corazón del fútbol vasco, donde la cantera, el arraigo y el sentimiento de pertenencia siguen marcando el camino, hay clubes que entienden el deporte como algo mucho más grande que el resultado del fin de semana. CD Anaitasuna es uno de ellos. Desde Azkoitia, su proyecto combina tradición y formación, competitividad y valores, construyendo una identidad que nace en el pueblo y crece con cada generación de jugadores y jugadoras. Hablamos con Ibon Osinalde, presidente del club, sobre la importancia de la cantera, el peso de la cultura local y el reto de seguir evolucionando sin perder la esencia que define al fútbol base en Euskadi.
El fútbol vasco tiene una identidad muy marcada. ¿Qué significa para vosotros formar parte de esa cultura deportiva?
Tiene mucho arraigo y para mí da una buena imagen de lo que es el fútbol vasco. Somos una representación pequeña, pero representamos ese modelo de clubes de pueblo, con gente de casa, con cantera y con la ilusión de jugar en el equipo del pueblo. Aquí en Azkoitia la ilusión de los niños y niñas es jugar en Anaitasuna, en el primer equipo, y eso lo llevan dentro. Nosotros decimos “Gorrixe”, que significa “los rojos”, y es un poco nuestro grito de guerra. Ese es el perfil del club.
¿Cómo describiríais la personalidad de vuestro club dentro del panorama del fútbol base en Euskadi?
Somos un club convenido desde hace años con la Real Sociedad. Tenemos mucha relación con ellos y hasta entrenadores o coordinadores vinculados a la Real que trabajan dentro del club. Antes venían a ver jugadores y hacer informes, pero ahora tenemos una persona asignada semanalmente en los entrenamientos. Conoce a los chicos, su personalidad, a las familias, y cuando van a Zubieta ya existe una relación previa. Aquí la provincia es pequeña, los pueblos están cerca y los jugadores se conocen desde niños, y eso crea mucha unión.
¿Qué valores creéis que definen al fútbol base vasco y cómo los trasladáis a vuestro día a día?
Los valores son fundamentales. Somos competitivos, porque somos un club de fútbol, pero lo más importante es transmitir valores: ser una familia, trabajo en equipo, que el grupo esté por encima del individuo y no fomentar rivalidades internas. El euskera también es un valor de pertenencia. Trabajamos la deportividad, el respeto al rival y la igualdad. De unos 500 jugadores, casi 200 son chicas, y para nosotros es importante que tengan las mismas oportunidades, instalaciones y recursos. También nos gusta cumplir las normas y dar imagen de club serio y responsable.
Txerloia, estadio del Anaitasuna // Fuente: CD Anaitasuna
Más allá de los resultados, ¿qué os hace sentir realmente orgullosos como club?
Mantener la imagen de club respetado y querido en el territorio. La forma en la que actúan jugadores, entrenadores y padres cuando vamos a otros pueblos, saber ganar y saber perder, ser deportivos. Para mí ese es el mayor triunfo y el mayor orgullo: representar a un club con esa imagen.
¿Cómo trabajáis la formación integral del jugador, tanto en lo deportivo como en lo humano?En los primeros años, con nueve o diez años, juegan todos mezclados, chicos y chicas, y el enfoque es más de diversión y acercamiento al fútbol. Después diferenciamos entre rendimiento y participación. En la parte de rendimiento ya entra el coordinador de la Real y empiezan las tecnificaciones. Algunos jugadores entrenan en Zubieta una vez por semana. En el plano humano, el acompañamiento emocional es muy natural porque todos nos conocemos y existe un ambiente muy familiar entre jugadores, entrenadores y padres.
¿Qué papel juega el sentimiento de pertenencia en vuestro proyecto?
Es vital. Sentirse Gorrixe es algo muy fuerte, como ser de un gran club. Organizamos actividades para reforzar ese sentimiento, como el día del club, donde se juntan cientos de niños y niñas con su camiseta. Desde pequeños se sienten parte del club y eso suele durar toda la vida. En el pueblo se nota mucho esa identificación con Anaitasuna.
El fútbol base en Euskadi es competitivo y exigente. ¿Cómo afrontáis ese reto sin perder vuestra esencia?
Yo diferencio entre clubes de ciudad y clubes de pueblo. En algunos entornos hay mucha competitividad y los jugadores cambian de club buscando oportunidades. Nosotros defendemos otra filosofía: ambiente familiar, tercer tiempo después de los partidos, jugadores y padres compartiendo momentos. Aquí se prioriza el equipo y el grupo por encima del individualismo. Son dos modelos diferentes y nosotros apostamos por mantener nuestra esencia.
¿Qué importancia tiene la cantera en la estructura y visión de futuro del club?
La cantera es todo, es la esencia del club. Nuestro primer equipo está formado prácticamente por jugadores de Azkoitia. La filosofía es jugar con gente de casa y llegar hasta donde podamos. Si se sube de categoría puede haber algún refuerzo, pero la base siempre es la cantera local.
¿Cómo influye el entorno social y cultural de vuestra localidad en la identidad del club?
En los pueblos pequeños hay mucha cultura deportiva y se trabaja muy bien la base. Salen deportistas de élite en diferentes disciplinas, no solo en fútbol. Eso genera orgullo y refuerza la identidad del club y del entorno.
¿Qué hace diferente al modelo de fútbol base vasco respecto a otras comunidades?
Aquí se apuesta por el multideporte y por empezar más tarde en el fútbol competitivo. Los niños practican varios deportes y eso evita que se quemen demasiado pronto. En otros lugares ves niños muy pequeños cambiando de clubes continuamente; aquí se prioriza el desarrollo global del niño.
Mirando al futuro, ¿cómo imagináis la evolución del club en los próximos años?
La evolución debería mantener esta filosofía: gente de casa, cantera y valores. El fútbol tiene que servir también para formar personas. En un contexto con problemas sociales y de salud mental, el deporte puede ser una herramienta muy importante para ayudar a los jóvenes.
En un contexto donde la gestión cada vez es más compleja, ¿qué importancia tiene profesionalizar la organización interna del club?
Es fundamental. Cuando entré hice un diagnóstico del club porque somos voluntarios y hay que trabajar de forma eficiente. Profesionalizar significa organizar bien las tareas, tener una estructura clara y mejorar la relación con instituciones y patrocinadores. El primer año fue duro, pero era una inversión para el futuro y ahora el club está más organizado.
Desde que trabajáis con Clunnity, ¿de qué manera os ha ayudado a consolidar esa estructura y facilitar vuestro día a día?
Nos ha ayudado sobre todo a ordenar procesos y a tener una herramienta común para la gestión diaria del club. Cuando trabajas con mucha gente voluntaria, tener una plataforma donde centralizar información facilita bastante las cosas y evita errores o malentendidos. Además, para nosotros fue importante que el software incorporara el euskera como idioma de comunicación, porque forma parte de la identidad del club y del día a día con familias y jugadores. No cambia la filosofía del club, pero sí ayuda a que la organización sea más sencilla y a poder dedicar más tiempo a lo deportivo y a los jugadores.
Si tuvierais que explicar qué aporta Clunnity a un club que quiere crecer sin perder su identidad, ¿qué destacarías?
Aporta organización y apoyo en la gestión, que es algo cada vez más importante en los clubes. Permite profesionalizar ciertas tareas sin perder la esencia, porque la identidad sigue estando en las personas y en la manera de trabajar. El hecho de que el software se adaptara también al euskera nos ayudó a integrarlo con naturalidad dentro del club. Es una herramienta que ayuda a estructurar mejor el día a día y a crecer de forma ordenada.
En tiempos donde el fútbol parece avanzar cada vez más rápido, Anaitasuna representa la resistencia tranquila de quienes creen que el verdadero crecimiento se construye desde abajo. En cada entrenamiento, en cada niño que empieza a jugar sin presión y en cada familia que acompaña desde la banda, se mantiene viva una idea sencilla pero poderosa: el fútbol como espacio de pertenencia, aprendizaje y comunidad. La voz de Ibon Osinalde refleja esa convicción de que un club no se mide solo por la categoría en la que compite, sino por la huella que deja en quienes pasan por él.
Quizá por eso, en Azkoitia el futuro no se imagina como una ruptura, sino como una continuidad. Seguir creciendo sin perder la esencia, profesionalizarse sin renunciar a lo propio, mirar hacia adelante sin olvidar de dónde se viene. Entre la cantera, los Gorrixe y el arraigo al pueblo, Anaitasuna y Clunnity demuestran que todavía existen lugares donde el fútbol conserva su significado más profundo: formar personas, crear vínculos y hacer que cada generación encuentre en el club algo más que un equipo, un hogar al que siempre volver.
